No me gustan las mudanzas
28 Junio , 2008 Personal 3 ComentariosNo me gustan las mudanzas. Llevo 3 años en los que cada Junio me veo cargando con mis cosas a cuestas, y por eso las detesto. Tal vez por eso, también les tengo pánico, y a pesar de llevar un año en Compostela, todavía no he abierto todas las cajas.
La consecuencia de no haber desempaquetado lo que me traje de Madrid es que no he decorado ni mi cuarto ni mi sala de “lecer” (decir de estudio sería mentir) y por lo tanto no he hecho mía esta casa.
Ha sido algo en parte espontáneo, en parte provocado, y es que no quería encariñarme con una ciudad a la que, después de lo que pasó en verano, sólo venía a estudiar.
Pero las cosas NUNCA salen como esperas.

Admito que llegar pensando que no me debía encariñar con Compostela fue un error ya que me quedan muchos años aquí (demasiados) Pero en mi defensa he de decir que era un modo de protección.
Pensaba que iba a estar solo. Sí, conocía a gente, pero ellas llevaban aquí muchos años y tenían sus vidas. Además la cagué, como sólo yo se hacerlo, con la persona que era (y es) mi soporte vital. Probablemente la persona que más me importa en el mundo.
También era consciente de que varias terminaban este año su carrera, y que la despedida a final de curso era poco menos que inevitable. Todo esto no auguraba el año soñado.
Sin embargo, por una vez, salió cara en la moneda. Las niñas me trataron genial, como si llevase toda la vida con ellas. Me acogieron con los brazos abiertos, me involucraron en cada plan que tenían y consiguieron que estuviera a gusto desde la primera noche de domingo.
Yo, que soy un poco inquieto, quería corresponderles con el mismo cariño, y como lo único que sé hacer bien es beber cerveza, las llevé de cañas todos los días.
- Pues vaya mierda de plan para demostrarles tu cariño
Es verdad, pero ya que ellas me permitieron entrar en su mundo, yo quería darles a conocer el mío.
No es que ellas no bebieran cerveza (otra cosa no sé, pero la birra les encanta) Yo sólo quería que la bebieran conmigo, que se rieran de mis tonterías, que vieran que me gusta tomar el kali de tarde tirado en su casa, que me gusta gritar viendo baloncesto y cantar cuando voy por la calle.
Sólo quería que me conocieran, y si os digo la verdad, creo que les gustó.
Así fuimos pasando los meses. No los desaprovechamos del todo, y se me hicieron muy cortos. Les cogí muchísimo cariño, y puedo afirmar que las quiero.
El problema es que casi todo lo bueno se acaba, y las cuatro ya han empezado sus mudanzas, poniendo fin no sólo a un ciclo de sus vidas, si no también a un (corto) ciclo de la mía.
Por eso no me gustan las mudanzas. Las detesto. Y les tengo pánico.
P.D: Este año vuelvo a estar de mudanza, pero son ellas las que se llevan mis cosas a cuestas…
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La foto la saqué una preciosa tarde de lluvia, en la zona vieja de la ciudad.
Ayer, al pasar por ahí, vi que estaban cambiando las piedras del suelo, o como mínimo restaurándolas.
El texto lo escribí ayer en una terraza paradisíaca. Estaba sólo, tomándome un té con hielo, dejando que la brisa minimizase los efectos del Sol. Necesitaba desahogarme un poco, y esto es lo que salío.


