Mi lectura de boda

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El pasado 31 de Julio, tras 9 años como novios, mi hermano y Salud se casaron. Yo salí a leer (balbucear más bien, que me emocioné un poco) un breve texto que escribí para la ocasión y un poema de Paco Bello. Aquí los dejo escritos.

Cuando me preguntaron si quería escribir algo para leer en la ceremonia, acepté ilusionado al instante. Supongo que no era del todo consciente de lo que supone salir aquí. Es una gran responsabilidad. Ya no por leer delante de tanta gente, al fin y al cabo estamos entre familia y amigos, si no por la dificultad de que esas palabras estén a la altura de un día como hoy.

Pensé en contar la primera vez que os vi juntos, en Diciembre de 2003, durante la fiesta de navidad de aquel indescriptible piso de la calle Ferraz.
Podría contar las desventuras del año de Gaztambide o las infinitas batallas vividas es esos refugios que fueron el salón de Divino Pastor, la Camacho y tantos otros lugares.
Podría decir cómo me sentí el hombre más desdichado mi último día en Madrid, al tener que despedirme de vosotros en el Chorrillo. O cómo el verano siguiente me hicisteis el hombre más feliz del mundo cuando me pedisteis que viajase con vosotros a Cuba.

No os imagináis la cantidad de recuerdos con vosotros que llevo en el pecho, y ninguna manera de escribirlos puede estar a la altura de vuestro día más feliz. Sólo puedo daros las gracias por haberme hecho disfrutar tanto durante estos años. Gracias por haberme enseñado, a veces sin daros cuenta, tantas cosas importantes del día a día. De verdad, gracias.

Termino con un poema de Paco Bello titulado Instante de lucidez:

Instante de Lucidez

Ha llegado la hora de ser feliz.

Aún quedan vigorosos adjetivos
asomando en la aurora.
Libros culminantes
que abriré con cuidado.
Tu dulce beso de las mañanas.
Gloriosas caminatas de ida y vuelta
con el mar allí tan cerca soplando
velas que se encienden orgullosas.

Aún queda
la emoción sin palabras
de la luz del sol
sobre tu cuerpo dormido.
Tranquilos desayunos abrigándonos
bajo la suave enormidad del cielo.
Aromas entusiastas
en el cálido centro del aire ingobernable.
Los triunfantes pinos.
Las alegres olas barriendo los extremos del alma.
El horizonte agazapado en la verdad última de la mirada.
Mi expugnable rostro
inmensamente reconciliado consigo mismo
junto al paraíso de tus mejillas.

Queda la hermosa imperfección de los latidos,
y en medio,
esa ternura que ocurre en tus ojos
cuando sientes que te alcanzo y el mundo queda atrás.

Me siento a tu lado.

Es soberbio estrenar
tu mano con mi mano cada día.
Hemos sobrevivido.
Estás aquí
con ramas y raíces.

Ha llegado la hora de ser feliz.

Escrito por Jaco
14 de agosto de 2010

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