(Dale al play, que es parte de la historia)
Hace un tiempo le dije a Kika que los libros eran el regalo perfecto. Siempre se les tiene un gran cariño y por mucho que pasen los años uno nunca olvida quien te lo ha dado.
Creo que es una verdad a medias. Son un regalo fantástico pero aunque se quedan cerca, no son el regalo perfecto.
Una vez recibí el mejor regalo del mundo. Ese que nunca se olvida. Venía en la parte de abajo de una tabla de madera que, apoyada en dos caballetes, hacía de mesa. Mi mesa. Pero no era mía por haber sido yo quien compró la tabla, si no porque tiene EL REGALO y sé que nunca me podré desprender de ella.
El regalo consistía en una palabra de siete letras. La palabra más importante del diccionario castellano. La palabra (esa y sólo esa) que más me ha marcado

Por si fuera poco, viene acompañada de un recuerdo particular. Un recuerdo ambientado en la oscuridad, que tiene por banda sonora la canción de Sigur Ros y con su protagonista tumbada boca arriba en el suelo. Un recuerdo que inevitablemente tengo asociado a las lágrimas, que bien pueden ser las suyas cuando abrí la puerta o las mías cuando descubrí esa palabra varias semanas después.
Un recuerdo que continuamente me hace tirar del hilo para saber qué tenía ella que agradecerme, y siempre llego a la conclusión de que la respuesta es nada. Que sus razones las disfruté yo tanto como ella. Que sus razones eran vivencias de dos y para dos.
Y es ahí cuando vuelvo a pensar que ese GRACIAS es el mejor regalo que me han hecho nunca. Porque ese GRACIAS no es un gracias cualquiera.
Mientras busco su regalo perfecto sigo entregándole libros, intentado demostrarle que siempre le estaré muy agradecido.

La mesa sigue conmigo. En la mudanza desde Madrid me preocupé de que acabase en mi nueva casa y cuando me vuelva a mudar será lo único que con total seguridad vendrá acompañándome.
La foto la saqué ayer. Es mi regalo. Sé que está desenfocada, que lo que se tenía que ver totalmente nítido es la palabra y no el caballete, pero no soy capaz de sacar una que me guste, así que se queda esta.
P.D: Joder con Sigur Ros. Aviso que son emocionalmente devastadores. Pero también son impresionantes…
Precioso. Mi madre siempre me decía que me pasaría la vida dando las gracias. Y no hay palabra que me llegue más dentro.
Como a ti, por lo que veo.
besos y magia,
K
Ves muy bien Kika. Es una palabra que me llega muy dentro.
Me gusta ser agradecido, procuro hacérselo saber a quien le corresponda, aunque a veces lo hago a mi manera y me consta que no siempre llega el mensaje.
También me gusta recibir un gracias, claro, sobre todo si mi esfuerzo ha sido grande porque con esas 7 letras está más que recompensado.
Aunque tal vez lo que más me gusta es escuchar como alguien se lo dice a otro. A veces noto una falta de educación alarmante en la gente, y un simple gracias siempre me devuelve la esperanza en las relaciones entre las personas.
¡Un beso!
a mí también…
(y ya sabes que me importa mucho recobrar la fe en la gente)
Sé que no te conozco, al menos no todo lo bien que me gustaría, pero la verdad, me extrañaría mucho verte perder la fe en la gente. Con lo que te quiere la gente que te rodea es imposible perder la fe en nadie.
Un beso enorme
GRACIAS
Este era un post de agradecimiento por sí solo.
No hay razón para que me des las gracias.
Ahora me toca a mí. Y no me cansaré de decir(te)lo.
Encontraré el regalo perfecto para que no lo olvides.