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Llegó a casa. Las luces estaban apagadas y sin embargo era capaz de ver lo suficiente (demasiado para su gusto). Supuso que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, pero no le gustó la idea.
Instintivamente se acercó a los enchufes y los arrancó de sus agujeros sin titubear. Sólo quería que la corriente dejase de circular a su alrededor. Sólo quería una desconexión.
Luego se tumbó en el sofá, y fue en es preciso instante cuando se dio cuenta de que la electricidad debía de ser una metáfora de algo. Y esa idea tampoco le gustó.
Esta noche tuve un sueño que se me quedó grabado y no sé el porqué.
Los protagonistas eran una niña y un niño de unos 5 años (tal vez menos, tal vez más) Muy buenos amigos.
Estaban viendo a una pareja adulta discutir. Escuchaban como se decían auténticas barbaridades. Cosas de las que luego se arrepentirían pero que en ese momento iban cargadas de resentimiento.
Los niños se miraron y, sin mediar palabra, enseguida sabían lo que quería decir el otro. ¡Estaban teniendo una conversación por telepatía!
Se agarraron de la mano, se echaron a caminar y decidieron que desde ese momento se comunicarían siempre en silencio.
¿Hay alguien que interprete sueños y me diga si significa algo?
Parece que, ultimamente, la telepatía es mi manera de comunicarme. Por mucho que me apetezca no sé que contaros en el blog… A ver si cambia esa tendencia, que acabo de renovar el servidor por otros 6 meses.
La foto: Sacada del flickr de solofotones bajo una licencia Creative Commons.
Él, fatigado por el paso de los años y quemado por los golpes de la vida, decidió escribir lo que le deparaba el futuro.
Con pulso firme llenó de tinta la pluma, cogió papel y empezó a imaginarse su vida desde el presente hasta el final de sus días. Pero inesperadamente, y antes de llegar al final de la primera línea, notó como su propio texto le hacía estremecer.
Presentía que no era su futuro lo que plasmaba en la hoja. Sentía que eso ya lo había vivido antes. Con miedo (o tal vez pánico) cogió papel de calco, lo puso entre dos folios y siguió escribiendo.
Al llegar al final de la quinta línea no pudo evitar la tentación de leer la hoja inferior y comprobó que la copia no era exactamente igual que el original.
Aliviado, esbozó una sonrisa, volvió a colocar todo en su sitio y siguió escribiendo, sin mirar atrás. El temblor ya había cesado. Se había dado cuenta de que el desenlace de su escrito no iba a tener nada que ver con el pasado. Se había dado cuenta de que su futuro, por fin, podía brindarle un final feliz.
Como anécdota, y para variar, os cuento algo que me parece interesante/curioso. Al papel de calco también se le llama papel de carbón. En inglés la copia hecha con este papel se denomina Carbon Copy (Copia de Carbón). Si ahora vais a vuestro email y escribís un mensaje veréis que hay dos casillas que rara vez utilizáis. CC y CCO que quieren decir Copia de Carbón y Copia de Carbón Oculta respectivamente. Esta última es la que deberíais utilizar de manera general para los mails en cadena y demás chorradas.
Me declaro inocente.
Inocente de asalto, de robo, de ensañamiento, estafa, arrogancia y de homicidio (al menos voluntario). Inocente de adulterio, de coacción, corrupción, desfachatez y de mentir (con o sin juramento) Inocente de faltar al respeto, de actuar con mala fe, de no reír (aunque el chiste sea malo) Inocente de no ser yo. Siempre yo.
Me declaro inocente porque lo soy.
Inocente…
Ella, con su expresiva cara, fiel espejo del hartazgo que supone trabajar de cara al público un sábado de navidad, estaba detrás del mostrador.
- Busco este tesoro ¿sabe donde podría encontrarlo? – pregunté sonriente.
- ¿Es de música?
No necesité articular palabra, mis ojos hablaron por mí.
- ¿Es de fotografía? – anadió sin dudar.
Ahora fue mi ceño fruncido quien me ahorró el esfuerzo.
- Entonces será narrativa, supongo. No lo tenemos pero te lo puedo pedir.
- Sospecho que lo único que me puede pedir será la hora, así que no se preocupe, juegue con su bombón derretido mientras yo voy a buscar otra joya.