FICHA TÉCNICA Título: La soledad de los números primos Autor: Paolo Giordano Editorial: Salamandra Edición: Abril 2009 (5ª Edición) ISBN: 978-84-9838-205-1
Compré este título en la feria del libro de Compostela en 2009. Había escuchado buenas críticas y gente más o menos cercana me lo había recomendado, así que no pude resistir la tentación de hacerme con él.
Atascado como estaba en la lectura de Rayuela, y sin ganas de empezar otro libro hasta que acabase el de Cortázar, aparqué mi nueva adquisición en la estantería, y no lo recuperaría hasta que Marta me pidió algo para leer. Al dárselo le conté que hablaban maravillas de él pero que aún no lo había leído, que esperaba su opinión. Al poco tiempo me lo trajo de vuelta y dijo que le había gustado mucho. Pero yo volví a colocarlo en la estantería entre un libro de Forester y otro de Pablo Gutierrez.
Por fin, este verano lo rescaté del abandono y en un sólo día terminé de leer las aventuras de Alice y Mattia. El libro nos cuenta la vida de dos personajes, marcada por trágicos sucesos ocurridos en su infancia. A partir de ese momento veremos como se defienden y se relacionan con la gente en el día a día durante las distintas etapas de su vida hasta ser adultos.
No quiero contar más para no estropear la lectura de nadie, sin embargo sí puedo decir que se trata de un libro fácil de leer, corto (280 páginas) y con historia sencilla de seguir.
Para mí, lo mejor del libro es la conclusión final que saqué al terminarlo, y cuando un libro me hace reflexionar me siento obligado a recomendarlo. No me pareció una obra maestra, pero sin duda merece la pena.
El 15 de Noviembre pasado (sí, lo sé, llevo mucho retraso en las crónicas) fui a un concierto especial en Madrid. Especial porque era de Miguel Dantart, y aunque ya lo había visto en un par de festivales benéficos, llevaba mucho tiempo queriendo ver un concierto entero suyo. Y porque no iba solo, y es que la compañía en sí también es especial.
Por si tenía alguna duda de que me lo iba a pasar muy bien, el bueno de Miguel, sentado en la plataforma que hace las veces de escenario en el Sálvese quien pueda, guitarra en mano cantó Yo no sería igual, canción que por aquel entonces (y también ahora, para qué negarlo) me tenía cautivado por lo que significa para mí.
A partir de ahí ya nada podía fallar. Miguel cantó algunos temas que conocía y otros nuevos para mí. La mezcla perfecta para disfrutar con Nâo Sei, Mundo alborotado, Dolores y José y descubrir Poltergueis o Ceci n’est pas une pipe (que no estoy seguro de si es el nombre de la canción)
Ese día iba a presentar el videoclip de Calle Segovia, pero hubo algún problema con el proyector y tuvo que posponerse. Aún así, como no podía ser de otra manera, cerró el concierto con ese tema.
Al acabar, Miguel se quedó en el bar, se acercó a nosotros a preguntarnos si nos había gustado, y tan agradable como es nos regaló un ejemplar de sus discos Bipolares (para ella) y Ley Ginebra (para mí).
Broche perfecto para un fin de semana que empezó con orgasmos modernos al lado de Quique González y supuso una bomba de oxígeno para los meses venideros.
El pasado 31 de Julio, tras 9 años como novios, mi hermano y Salud se casaron. Yo salí a leer (balbucear más bien, que me emocioné un poco) un breve texto que escribí para la ocasión y un poema de Paco Bello. Aquí los dejo escritos.
Cuando me preguntaron si quería escribir algo para leer en la ceremonia, acepté ilusionado al instante. Supongo que no era del todo consciente de lo que supone salir aquí. Es una gran responsabilidad. Ya no por leer delante de tanta gente, al fin y al cabo estamos entre familia y amigos, si no por la dificultad de que esas palabras estén a la altura de un día como hoy.
Pensé en contar la primera vez que os vi juntos, en Diciembre de 2003, durante la fiesta de navidad de aquel indescriptible piso de la calle Ferraz.
Podría contar las desventuras del año de Gaztambide o las infinitas batallas vividas es esos refugios que fueron el salón de Divino Pastor, la Camacho y tantos otros lugares.
Podría decir cómo me sentí el hombre más desdichado mi último día en Madrid, al tener que despedirme de vosotros en el Chorrillo. O cómo el verano siguiente me hicisteis el hombre más feliz del mundo cuando me pedisteis que viajase con vosotros a Cuba.
No os imagináis la cantidad de recuerdos con vosotros que llevo en el pecho, y ninguna manera de escribirlos puede estar a la altura de vuestro día más feliz. Sólo puedo daros las gracias por haberme hecho disfrutar tanto durante estos años. Gracias por haberme enseñado, a veces sin daros cuenta, tantas cosas importantes del día a día. De verdad, gracias.
Termino con un poema de Paco Bello titulado Instante de lucidez:
Instante de Lucidez
Ha llegado la hora de ser feliz.
Aún quedan vigorosos adjetivos
asomando en la aurora.
Libros culminantes
que abriré con cuidado.
Tu dulce beso de las mañanas.
Gloriosas caminatas de ida y vuelta
con el mar allí tan cerca soplando
velas que se encienden orgullosas.
Aún queda
la emoción sin palabras
de la luz del sol
sobre tu cuerpo dormido.
Tranquilos desayunos abrigándonos
bajo la suave enormidad del cielo.
Aromas entusiastas
en el cálido centro del aire ingobernable.
Los triunfantes pinos.
Las alegres olas barriendo los extremos del alma.
El horizonte agazapado en la verdad última de la mirada.
Mi expugnable rostro
inmensamente reconciliado consigo mismo
junto al paraíso de tus mejillas.
Queda la hermosa imperfección de los latidos,
y en medio,
esa ternura que ocurre en tus ojos
cuando sientes que te alcanzo y el mundo queda atrás.
Me siento a tu lado.
Es soberbio estrenar
tu mano con mi mano cada día.
Hemos sobrevivido.
Estás aquí
con ramas y raíces.
Llegaba tarde. Tal vez se le paró el reloj. O tal vez quiso detener el tiempo. Pero aparentemente no lo consiguió y tardó dos días en acudir a su cita anual. Por supuesto, ya no le estaban esperando, pero él, pensando que aquello de que más vale tarde que nunca era real, fue al lugar concertado tan rápido como pudo.
No llevaba ni flores ni joyas para regalarle. Pensó en comprarle una caja de bombones pero desechó la idea en seguida, pues probablemente se derretirían antes de llegar a su destino.
A las 18:28 del día 12 llegó a la misma dirección de todos los años. Desconsolado por no encontrarla allí y enfadado por su torpeza, cogió su vieja estilográfica y en una tarjeta escribió:
La distancia y el tiempo son una trampa evitable. Te lo demostraré
La metió en un sobre y lo dejó en la red de las cosas eternas. Deseaba que en caso de que ella volviera por allí antes del año que viene, leyera la nota y supiese que más pronto que tarde recorrerá los 955 km que los separan.